Mayo 9, 2008 by akeno

CORRUPCION

PARABOLA DEL LEON CAUTIVO

Erase una un vez un sultán, que capturó un león y resolvió guardarlo para su placer.Designó a un funcionario encargado de cuidar del animal, para cuyo sustento se había dispuesto,por orden del emperador,la entrega diaria de seis libras de carne.Inmediatamente el cuidador pensó que no se perjudicaría a nadie, si alimentaba a su mudo protegido con cuatro libras de carne, guardándose las dos restantes.Así lo hizo, hasta que poco a poco disminuyó la tersura y fuerza del león, de tal manera que llamó la atención del sultán.Aquí ocurre algo extraño-dijo éste-.Designaré un funcionario superior para tener la seguridad de que el primero cumple fielmente su deber.Apenas realizado ese propósito,el guardián se dirigió a su superior y prontamente le convenció de que la carne estaría mucho mejor empleada,quedándose ellos con el beneficio de dos libras en lugar de alimentar con ellas al león.Convinieron,pues,no guardar el secreto y repartirse la ganacia.Pero la golosina del robo no tardó en estimular el apetito del nuevo funcionario.Aconsejóse con su subordinado y le fue fácil llegar a la conclusión de que se podría reducir perfectamente la ración del león a tres libras. diarias.Hambriento y consumido, el pobre animal languideció en su prisión, alarmándose el sultán más que antes.”Designaré a un tercer funcionario-dijo-para que vigile a los otros dos.”y así se hizo.Pero aquellos sólo esperaban su primera visita para explicarle la insensatez de malgastar seis libras diarias de carne para alimentar a un león cuando sin ningún esfuerzo podrían quedarse con tres libras, una por cabeza.Bastaban pocas palabras para abrir su apetito;es más,no quiso reconocer razón alguna por la que no habrían de quitarse cuatro libras de la ración cotidiana de su pobre protegido.Explicó a sus colegas que el animal podía vivir perfectamente con dos libras al día,y en caso contratario,no teniendo el don del habla,no podía tampoco quejarse a nadie.¿Por qué iban,pues,a renunciara a su ganancia?De esa suerte, el león siguió padeciendo, casi muerto de hambre, despojado y saqueado por los guardianes que habían sido designados para cuidarle, pero que, cuánto mayor era su número, más padecimientos le causaron.